El legado del cañón que anuncia la felicidad a millones de personas

Añadido el may. 18, 2018

El cañón del iftar (Midfaa Al Iftar, en árabe) es una antigua historia egipcia vinculada al mes sagrado del Ramadán, período del año en el que los musulmanes deben ayunar, de acuerdo con la moral islámica, desde el amanecer hasta la puesta del sol.

Puesto que el ayuno es uno de los cinco principales pilares islámicos, siempre se ha relacionado con millones de personas que se reúnen para romper el ayuno justo después de ponerse el sol, en armonía y felices al cumplir con su deber.

La vieja historia cuenta que la aparición del cañón del iftar coincidió, durante el reinado de la dinastía islámica de los mamelucos en Egipto, con el primer día del Ramadán del año 859 AH (1455 d. C.), después de que el gobernador mameluco egipcio Khoshkadam recibiese un cañón como regalo del propietario de una fábrica alemana.

Como el primer disparo de prueba del cañón se produjo al ponerse el sol, los habitantes de El Cairo se entusiasmaron al oírlo, pensando que anunciaba el fin del ayuno.

Al día siguiente, ciudadanos, jeques de los barrios y grupos religiosos se aglomeraron en el palacio del gobernador para agradecerle su regalo a los lugareños. Al sultán le gustó la idea, y por ello ordenó que el cañón se disparase cada día del Ramadán al ponerse el sol para anunciar el fin del ayuno.

La historia continúa con el apelativo con el que se conoce al cañón: Haja Fatima. Después de que el cañón dejase de dispararse por accidente durante algunos días, una delegación de ciudadanos eminentes volvió al palacio del gobernador, donde esta vez se encontraron con su esposa, Fatima, quien hizo llegar el mensaje a su marido.

El cañón volvió a funcionar desde entonces con el nombre de la esposa del gobernador. Hasta ahora, se coloca un cañón en la colina de Mokattam, cerca de la ciudadela de El Cairo, para anunciar el iftar.

La tradición trascendió las fronteras de Egipto y se extendió por todo el mundo islámico, empezando por la región de Levante, con el mismo apelativo icónico. Con el cañón sigue resonando la tradición viva y la costumbre ha sobrevivido.

Así, si viaja a El Cairo en Ramadán y de repente oye el estruendo de un cañón al ponerse el sol, no se preocupe, ha llegado el momento de romper el ayuno.