Descifrando Egipto a través de la Piedra de Rosetta

Añadido el mar. 12, 2018

Dada su arraigada historia, su incomparable civilización y sus inmortales monumentos, Egipto ha atraído desde siempre la atención y la admiración tanto de los egiptólogos como de aficionados procedentes de todos los rincones del planeta. Este entusiasmo se materializó en la tendencia que dio en llamarse "egiptomanía".
El 19 de julio de 1799, durante la campaña napoleónica en Egipto, un soldado francés descubrió cerca de la ciudad de Rosetta, a unos 56 kilómetros al norte de Alejandría, una tabla de basalto negro tallada con escrituras ancestrales.
Rosetta, que significa "la rosa del Nilo", pasaría en ese momento a ser el centro de atención de todo el mundo.
Esta piedra contenía fragmentos de pasajes escritos en tres escrituras distintas: griego, jeroglífico egipcio y egipcio demótico. El griego antiguo de la Piedra de Rosetta aportó a los arqueólogos información de que había sido tallada por monjes que rendían culto al rey egipcio Ptolomeo V, en el segundo siglo a. C. Además, asombrosamente, el pasaje en griego advertía de que los tres fragmentos significaban lo mismo. Por ende, este objeto resultó contener la clave para esclarecer el enigma de los jeroglíficos, una lengua escrita que llevaba "muerta" unos 2.000 años.
Thomas Young, un físico inglés, fue la primera persona en descubrir que algunos de los jeroglíficos de la Piedra de Rosetta incluían un nombre de la realeza, el del rey Ptolomeo. Asimismo, el investigador Jean-François Champollion reveló más tarde que los jeroglíficos transcribían el sonido de la lengua egipcia, y sentó las bases de nuestro conocimiento sobre la lengua y la cultura egipcias antiguas.
Tras la derrota de Napoleón, la piedra pasaría, junto con otras antigüedades descubiertas por los franceses, a manos de los británicos bajo las condiciones que estipulaba el Tratado de Alejandría (1801).
La Piedra de Rosetta está expuesta al público desde 1802 en el Museo Británico, con una única interrupción. Hacia el final de la Primera Guerra Mundial, en 1917, los responsables del museo estaban preocupado por los intensos bombardeos que se sucedían en Londres, y la trasladaron a un sitio seguro junto con otros objetos "relevantes" fáciles de transportar. La Piedra de Rosetta permaneció los siguientes dos años a 15 metros bajo tierra, en una estación de ferrocarril del servicio postal en Holborn.
La ciudad de Rashid (Rosetta), 65 km al este de Alejandría, se remonta al Período Arcaico, tiempo en que el faraón Menes abandonó el Alto Egipto para conquistar la ciudad y tomarla bajo su mando, unificando las dos partes del país. La ciudad recibió entonces el nombre de Khito. Durante la dinastía ptolemaica, la ciudad fue rebautizada como Poulbotine en honor al templo Poulbotinium, dedicado a la reina Cleopatra. Durante la época copta, la ciudad recibió el nombre de Rashit, aunque poco después pasaría a ser Rashid.
Debido a su localización estratégica entre el Mediterráneo y el brazo fluvial occidental del río Nilo, Rashid constituía un enclave militar de extremada importancia desde tiempos remotos. La ciudad ha sido testigo de numerosos acontecimientos destacados, tanto en tiempos antiguos como en otros más modernos. Se trata de una ciudad tranquila y muy verde, con amplios jardines, huertos y plantaciones de palmeras datileras. Además, cuenta con numerosas casas, posadas y mezquitas de estilo otomano y mameluco, con exquisitas inscripciones decorativas y talladas en madera.